El mejor ayudante / De beste helper
Cuando veo a alguno de los residentes caminar sin su rolator, suelo acercarme con una sonrisa y preguntarle, en tono de broma: —¿Y el coche nuevo? ¿Te ha abandonado? Lo hago así porque prefiero no decirles directamente que lo han olvidado. A diario veo a algunos buscando su rolator a su alrededor, como quien busca unas gafas que lleva puestas, y a veces incluso bajan de su habitación sin él. Entonces empieza una pequeña búsqueda entre risas y complicidad. Porque, aunque podamos bromear, hay algo que todos tenemos claro: hay que encontrarlo antes de que pueda ocurrir una caída. Con el tiempo he aprendido que el rolator es mucho más que un simple instrumento para caminar. Es ese apoyo que aparece cuando el cuerpo comienza a pedir un poco de ayuda para mantener el equilibrio. Es una compañía silenciosa que permite seguir avanzando, salir de la habitación, recorrer los pasillos, acercarse a una mesa o simplemente caminar sin miedo. Y quizá ahí está una de las cosas que más me hace pen...








